En los últimos años, el mundo de la educación, sobre todo en el ámbito europeo, se ha llenado de programas y acciones internacionales entre instituciones escolares que propician la creación de estrategias de trabajo entre alumnado y profesorado de diferentes procedencias

Sin embargo, lo que debiera ser un motor para la inclusión educativa, la diversidad y una oportunidad para propiciar el diálogo intercultural entre profesionales de la educación y alumnado de distintos orígenes, como medio de trabajar en el campo educativo la ciudadanía mundial, un enfoque inadecuado de estos proyectos de movilidad y de cooperación transnacional puede propiciar justamente lo contrario: que pervivan los estereotipos basados en una supuesta homogeneidad, la diferencia y una perjudicial tendencia a que se integren en las propuestas de trabajo instituciones escolares que tienen más recursos para ello y se dejen de lado a aquellos contextos más alejados y diversos.

Así, existe una perniciosa tendencia a extender a través de estos proyectos una idea de educación de calidad que, contrariamente a lo defendido por las Naciones Unidas (Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4), se relaciona con un tipo de excelencia educativa centrada en el valor absoluto de los logros, para lo que se tiene en cuenta no es que nadie quede excluido de los procesos de aprendizaje, sino el éxito alcanzado por una minoría cualificada en términos de resultados y capacidades para desenvolverse en un mundo tecnócrata y basado en una economía neoliberal, minoría que, en muchas ocasiones, es la elegida para movilizar esos logros alcanzados en estas novedosas y motivadoras experiencias internacionales de aprendizaje, con lo cual se incrementan aún más las desigualdades en una escuela.

Por otro lado, observamos que las inercias de los docentes y responsables de proyectos educativos de este tipo conllevan que se prioricen lenguas como el inglés o el francés como instrumentos de comunicación vehiculares para los intercambios de trabajos. De esa manera, observamos una doble problemática: en primer lugar, notamos que quedan muchas identidades lingüísticas de contextos minoritarios en situación de desventaja, simplemente porque ese es lugar al que una historia construida desde una posición hegemónica los ha relegado. En segundo lugar, no se desarrolla generalmente a través de estas acciones una verdadera conciencia plurilingüe en el individuo, en la que se conciba la diversidad lingüística como herramienta favorecedora del diálogo intercultural: el intercambio lingüístico como un pilar de la relación intercultural.

 UNIÓN EN LA DIVERSIDAD

El Español como Puente, hermanamiento intercultural entre escuelas de todo el mundo impulsado por docentes y estudiantes de un centro público de Secundaria y Bachillerato de Tenerife (Islas Canarias), nació con la idea de ser un proyecto escolar diferente a otras experiencias educativas de cooperación internacional. El Proyecto tiene, así, como misión prioritaria, la generación de interacciones en múltiples formatos donde primen las propuestas educativas de carácter horizontal en las que todos los estudiantes participantes, más allá de los roles y jerarquías preestablecidas, tengan las mismas oportunidades de aprendizaje a través del diálogo y la unión en la diversidad.

De esa manera, a pesar de utilizar como pretexto la intención de que el alumnado hispanohablante de la escuela exportadora –el IES San Benito- pueda poner en práctica sus aprendizajes lingüísticos y su competencia cultural para favorecer la adquisición de destrezas comunicativas en español de los estudiantes de otros contextos, El Español como Puente pretende no una muestra más de colonización lingüística de las muchas ocurridas a lo largo de la historia, sino más bien contribuir a la defensa y el empoderamiento de las distintas identidades culturales que conforman el Proyecto, todo ello con la intención de eliminar brechas en busca de una verdadera educación de calidad.          

Autor: Albano de Alonso Paz